Y lo logré

Cómo todos los días, desperté temprano, desayuné y a las 08:00 ya estaba en la ruta rumbo norte. Por primera vez no había elegido el hotel aún ya que no sabía dónde llegaría. Si bien la intención era llegar a Cali se hacía muy díficil el poder lograrlo ya que como dice la canción “el camino es culebrero” y está lleno de sorpresas.

Dado que el soporte del celular se me rompió en Ecuador, estoy navegando con el GPS. Navegar con GPS estaba bien hace 10 años atrás, hoy Google maps ó Waze son por lejos la mejor alternativa. El GPS me llevó por un camino que resultó ser un camino abandonado, comenzó como el clásico camino de tierra (bien) pero al poco andar se transformó en un duro camino de piedras que ascendía y seguía ascendiendo sin llegar nunca a juntarse con la autopista.

Camino pedregoso

El paisaje alrededor del camino era espectacular, árboles de todo tipo, caídas de agua , pájaros, etc. Después de varios kilómetros recorridos y viendo que este no conducía a ningún lugar seguro, decidí parar y hacer un par de fotos para luego regresar ya que si algo me pasaba (como caerme) iba a ser bien improbable de encontrarme con otro ser humano para pedir ayuda.

Abajo la ciudad de Pasto

Bajé con mucho cuidado y no pasó nada. Al llegar abajo pedí orientación a unos lugareños quienes me indicaron como acceder a la panamericana. Después de 1 hora ya estaba ahora si rumbo al norte.

Al salir de la ciudad de Pasto me encontré con filas de autos y motos para cargar combustible. En una estación en las afueras de Pasto conté 5 cuadras con autos esperando su turno para ser atendidos, me llamó mucho la atención a lo cual decidí cargar combustible en la ruta ya que me quedaba una autonomía de 150 kms. El problema fue que todas las estaciones de servicios en la ruta estaban sin combustible. Pregunté cuál era el motivo me dijeron que “la cuota para Nariño ya se había excedido”.

Estaciones de servicio sin combustible para surtir

Cuando ya estaba andando con la reserva de combustible encontré una estación que afortunadamente tenía combustible. Ahí me topé con un par de chicas motoqueras ecuatorianas que había conocido en la frontera quienes estaban haciendo el mismo trámite que yo. Cargamos combustible y quedamos de almorzar en Pasto con la intención eventual de avanzar hasta Cali.

Gina y Natalia, motoqueras ecuatorianas

El camino desde Pasto hacia Popayán es bellísimo (como todos los paisajes de este país) pero muy duro de conducción. Si bien el asfalto en general está en buenas condiciones (salvo algunos tramos) este tiene MUCHAS curvas, por no decir son solo curvas por donde transitan todo tipo de vehículos incluyendo buses y camiones, motivo por el cual 220 kilómetros nos tomó casi 5 horas.

En la ruta se aprecian puestos de control con militares armados con fusiles M16 y casetas recubiertas con sacos de arena lo que denota que acá la cosa podría poner brava, su misión es asegurar la ruta para evitar el ingreso de la guerrilla. Muy gentiles saludan al pasar y su presencia constante ayuda con el clima de tranquilidad deseado.

Ya en Popayan almorzamos y decidimos avanzar hasta Cali. Yo estaba medio cansado pero al ver que estas chicas estaban decididas a llegar a Cali en sus motos de 200cc, yo no podía arrugar así que nos subimos a las motos, volvimos a cargar combustible y comenzamos la última parte de la ruta. Salimos juntos de Popayan y nos separamos ya estando en la carretera.

Llegando a Cali

Avancé a mucha velocidad, cometí algunas infracciones de tránsito de esas que son normales acá cómo adelantar camiones por la berma, me detuve a sacar la foto de rigor e ingresé a la ciudad. Había un tráfico horrible, eso sumado a los 32º me tenían sudando la gota gorda. Finalmente llegué al hotel a eso de las 5:30 PM con luz de día, ¡lo logré! ya estoy en Cali. Mañana turismo a pié por la ciudad y el domingo retomo el viaje rumbo a Medellín.

¡Oiga mire vea!

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